Impulsos
August 9th, 2010Hoy es uno de esos días en los que me cuesta resistirme a los impulsos.
Caminaba, volviendo de la universidad, cuando pasé por una de esas fiambrerías típicas de Buenos Aires. No muy grandes, pero con cada rincón, cada hueco, cubierto por un queso, un jamón o alguna otra delicia del estilo. Entré sin dudarlo y le pedí trescientos gramos de su mejor jamón crudo y quinientos gramos de unas buenas aceitunas verdes con carozo. Compré, también, un muy buen aceite de oliva especiado. Ni siquiera me interesó o me importó cuánto le dolería eso a mi billetera.
Llegué a casa, puse música tranquila, una tabla de madera, un cuchillo afilado, lo comprado y pan. A media luz, con una cerveza rica de verdad, me senté a cortar el pancito, remojarlo en aceite de oliva y comerlo con el delicioso jamón que había comprado.
Un segundo de paz mental, uno de esos momentos de puro disfrute y placer.
Pasaron las horas, ya tarde, y la boca empezó a pedirme otra cosa. Esta vez era más simple: una Coca fría. No eran horas, sin embargo, salí de mi cómoda cama, me puse un pantalón sobre el pijama, zapatos sin medias y una campera y salí, rogando que el kiosco estuviese abierto. Nunca me defrauda, nunca. Volví, Coca en mano.
Tomé el primer sorbo y sentí las burbujitas dulces estremecerme todo el cuerpo. A veces seguir los impulsos más irracionales y estúpidos, paga bien.
Estuve todo el día criticando a aquellos que realizan una actividad que encuentro relativamente estúpida. A las pocas horas me di cuenta de que esa actividad, justamente, podría ser aquella que estaba buscando.
Día loco, hoy.
Marlenne: Ella - Comentarios
August 2nd, 2010[EDIT: Actualizado el texto original 3/08/2010 5:37 a.m.]
Escribí la respuesta a algunos de los interrogantes que se me cruzaron al armar el primer texto acerca de Marlenne y de Él. Realmente debería ponerle un nombre, principalmente porque no estoy contento entre otras cosas con el título del segundo texto, pero bueno.
Tenía ésto escrito hace semanas, pero por x o por b nunca terminaba de releerlo y corregirlo. Le falta, ya que no hice más que revisarlo una o dos veces, ambas en estado de cansancio, pero bueno: me parece que ya se encuentra al menos decente, si bien hay cosas que todavía no me cierran. En algún momento le pediré a aquella cordial dama que me ayudó la primera vez a que me ayude nuevamente.
Se me ocurren otras cosas que tal vez son dignas de comentar.
Si bien tengo una idea de la trama de fondo que lleva a los personajes a ésta situación, todavía no la tengo completamente armada y se me hace cada vez más interesante. Es posible que, de querer seguir jugando con la temática (que como más de uno debe saber, me encanta), encamine la cosa por ese lado. Quien sabe, tal vez de todo eso surja algo interesante.
Además, descubrí lo que me cuesta escribir un personaje femenino. No me sorprendería que sea el primero o el segundo que hago en mi vida. Es curioso, porque si me pongo a escribir con el libre fluir de la consciencia y no estoy sintiendo del todo el personaje o todavía no me metí en la escena, esa incomodidad se transmite en un personaje escrito en tercera persona. No hay caso, por mucho que intente forzar la primera, la cabeza me traiciona. A medida que escribía y con algo de ayuda externa, fui de a poco empezando a comprender como funcionaba ella y sus motivaciones. Ahí es donde la cosa se pone mejor y donde yo creo que logró sacar lo mejor de mí. Empiezo a oler los olores, ver la escena en blanco y negro, sentir la música de fondo y la pesadez del ambiente. En esos casos, no hay forma de que escriba en tercera, todo me sale en primera persona. Es curioso como funciona la cabeza. Es por esto que es muy probable que haya confundido estas cosas más de una vez y que tal vez varios de estos errores hayan sobrevivido la revisión.
Sin más, acepto y me gustaría escuchar sugerencias, comentarios o críticas.
Marlenne: Ella
August 2nd, 2010Despedí al último cliente con el calor de una novia enamorada, tomándolo por el cuello de la camisa y acomodándole la corbata como una mujer de familia, con aquel brillo en los ojos que solo las amantes infieles poseen. Lo observé recorrer el pasillo hasta el ascensor: sabía que algunos, tal vez presa de un ligero sentimiento de culpa y abandono, miraban hacia atrás al caer en la conclusión de que tendrían que volver a casa a sus vidas habituales. La mirada de una mujer que los veía partir, como si no pudiese esperar a que vuelvan otra vez, parecía sacarles un peso de encima. Era parte de la experiencia de estar con una mujer perfecta.
Cerré la puerta suavemente y me dirigí al baño. En el camino quedaron las ligeras prendas que vestía, como si hubiesen resbalado suavemente por mis muslos hacia el suelo. Abrí la llave y sin esperar me metí debajo de la lluvia. De la cañería fría al vapor del agua hirviendo, permanecí impasible. No tardé mucho en salir: me sequé con cuidado y tomé del placard un vestido de seda rojo que nadie más podría llevar con tanta sensualidad y elegancia. Con lentitud, frente al espejo, me pinté los labios de aquel mismo rojo y en cada lóbulo un brillante pendiente: eso fue todo. Salí, cerrando por última vez la puerta de la habitación.
En aquel bar nocturno, fumando Gitanes y escuchando un jazz trío que nunca descubriría el éxito, lo vi. Él no sabía todavía, pero estaba allí por él. Nunca lo había visto pero lo reconocí enseguida. Nadie más lo hubiese notado, sumido en la marea de desdicha que habitaba el lugar. Entrado en los cincuenta, vistiendo un sobretodo marrón oscuro, una camisa abierta y una corbata floja, con dos medidas de whisky en su mano, parecía el típico perdedor nocturno, invisible y miserable frente a los ojos de aquellos que vivían bajo la luz del sol. Pero sabía, sin embargo, que era más. En esa figura de decadencia veía las ruinas de un gran hombre de ley, de un hombre que lo había tenido todo y lo perdió, un hombre que, como yo, había hecho enojar a la persona equivocada. Pero por sobre todo, éste era un hombre que había cometido el gran error de confiar en una mujer perfecta alguna vez, y ese es el tipo de errores de los cuales los hombres como éstos nunca aprenden.
Me acerqué suavemente. Compartimos el silencio por un rato hasta que, al sacar uno de mis cigarrillos, me ofreció fuego.
-Marlenne -dije, con el exhalar de la primera pitada.
No se introdujo. No importaba su nombre, el lo sabía. Aquellos minutos de silencio me habían dicho más de él de lo que su nombre podría haberme significado. Finalmente, decidió hablar:
-No encontrará aquí lo que busca –me advirtió.
No pude evitar expresar una leve sonrisa. Era mío. Con el correr de los años había aprendido a leer a los hombres en sus infinitas variedades y sabía que para todos y cada uno de ellos hay una mujer. Para el hombre trabajador, ésta se pone el delantal, los saluda por las mañanas y lo espera con la comida por las noches; un vientre que dará luz a sus hijos y que no parece tener mayores ideas que las domésticas. Para el hombre de sangre azul, una dama presentable en sociedad, de un estilo impecable y una lengua ductil, que al cerrar las puertas e irse el último invitado se convierte en una bestia lasciva y hambrienta. Pero él, él era diferente. Era el tipo de hombre que necesita una damisela en apuros para rescatarla en sus brazos. Era un caballero cansado, de armadura gastada, una sombra de tiempos mejores en busca de una princesa a quien salvar. Por ésta noche, la última noche, yo sería su princesa.
-Sabe usted lo que busco, ¿entonces? –lo miré a los ojos-. Podría tal vez darme una pista, que yo todavía no lo descubro.
Más silencio. Recorrí aquel lugar con la mirada. Ambos los sentimos: allí, en la decadencia, las luces del reflector iluminaban nuestra esquina. Observé a todos aquellos que el mundo ya daba por perdidos y noté como a su vez ellos nos observaban. Como si tuviese en mis manos la única llave para salir de aquella habitación una vez terminada la noche. Lo miraban a él, como el afortunado al que la gracia divina le había cumplido su deseo de redención.
-No encontrará lo que busca aquí -repitió-, porque aquí todo está perdido.
-Te encontré a ti, ¿no es verdad?
-O te perdiste conmigo, que no es lo mismo.
Me alejé de la barra y caminé desde la tenue luz del bar hacia el frío invierno. No me hizo falta decir nada, sabía que caminaba detrás de mí. Al verlo salir, el frío dejó ver su debilidad por un instante.
Se apaga mi cigarrillo. Me toma por la cintura con fuerza y seguridad. Nuestras miradas y nuestra respiración se cruzan y mezclan. Dejo que me sienta por un segundo.
Lo beso. He dado muchos besos en mi vida y cada uno de ellos fue único. En aquella conexión momentánea percibo una ola de sensaciones que lo inundan. La nostalgia de aquel gran amor perdido, seguido del fervor del amor recientemente encontrado. Por último, la debilidad. Solo mi mano en su pecho lo sostiene, evitando que se deshaga en polvo.
En aquel beso nos sinceramos. Por un segundo compartimos un mundo que contempla nuestra existencia juntos. En este mundo yo soy tu princesa en apuros y tú eres mi caballero de armadura. En la oscuridad de la noche comprendes que nadie más puede salvarme y que dicha salvación requiere indefectiblemente un sacrificio. No debo convencerte de hacerlo: lo sabes muy bien. Me debes ese sacrificio porque esta noche en la que cruzamos caminos por primer y última vez es la noche en la que yo te rescaté de la penumbra gris en la que vivías para darte exactamente lo que necesitabas.
En los últimos segundos de la noche estalla el rugido de un percutor metálico. Sentimos el calor de las gotas cayendo a nuestros pies, inmutables. Queremos tan solo un segundo más de ignorancia antes de aceptar lo inevitable. Cae el objeto del pecado al suelo. No dejamos de mirarnos, pero nuestras miradas ya lo han dicho todo y son solo un recuerdo de lo mucho que significaron.
Fin o Fin.
Dulces Sueños
August 1st, 2010Supongo que es la necesidad de comentar algo que no tuve oportunidad de comentarle a mucha gente o más bien a nadie y se ve que me muero de ganas de decir en voz alta. Desafortunadamente no puedo dar detalles que me comprometan, así que el esqueleto de la historia deberá alcanzar. Me gustaría poder darles el bocado jugoso, pero se me complica. Tal vez algún día borracho.
Tuve un sueño romántico-porno. Sí, se que tal vez exageré. Pero hace mucho que no tengo uno de esos, muchísimo diría, y me resultó bastante increíble. Supongo que lo interesante (el bocado jugoso) es con quien tuve ese sueño y esa es la parte que, dado a los temores de radio pasillo, no puedo divulgar. Pero para ponerle un poco de picante, digamos que no me resulta impredecible y creo que sería lo mismo para un par. Por otro lado, reconozco que me encuentro (o encontraba) en un estado de negación absoluta con respecto a dicho personaje y supongo que esa es la única manera que mi cerebro encontró para ponerme al corriente con lo que sucede. Una muy buena manera.
Más allá de todo, estoy en el proceso de explicarle a ese lado de mi cerebro que parece tener ciertas cosas más claras, que no se las sabe todas. Que por mucho que esté en armonía con la idea de cierta persona, eso no hace que dicha persona esté en armonía con la misma idea. Tal vez, ambos subconscientes podrían ponerse de acuerdo por telepatía o algo así y sugerirle lo mismo que me sugirió a mí, a ver si prende.
Me recuerda a Inception, película que se estrenó el Jueves en Argentina y que para el viernes ya había visto dos veces. Una idea.
Cortes Comerciales
July 23rd, 2010Estuve escribiendo algunas cositas que ya publicaré una vez que sean revisadas dado que fueron producto de casi 30 horas de estar despierto, pero mientras tanto quería recomendar una serie que vi a la vieja usanza: todas los Jueves a las 23:30 en Sony.
La serie en cuestión es Community y trata sobre un ex-abogado al que le quitaron el título y su grupo de estudio de Español, sobreviviendo en una típica universidad pública americana. Realmente muy buena: la primera temporada tiene unos muy buenos 25 episodios y el final de ésta, que vi hoy, es bastante bueno. Lo único malo de esta serie es que ahora tengo que esperar hasta mínimo el 23 de Septiembre para la segunda temporada y realmente me encantó como terminó, cosa poco usual últimamente en las series americanas.
Marlenne - Agradecimientos
June 20th, 2010Debo releerlo una vez más antes de terminarlo, pero estoy conforme. Podría haberse extendido más, pero después de discutirlo con mi compañera nocturna Constanza Fernandez, aka Kiwi, aka Trei, aka Cony Francis, me pareció que valía la pena dejarlo cortito e intenso.
Por su ayuda, corrigiéndome, leyendo y compartiendo ideas, le mando este agradecimiento enorme.
En un principio, la cosa iba por otro lado, como se nota claramente. Pensé en volarle el primer parrafo entero, pero no. Lo dejo así, con algunos retoques menores y nada más.
Marlenne
June 20th, 2010Era negro. El hombre de familia en su casa, todas las mañanas, tomaba su taza de café con leche, listo para la jornada diurna que lo esperaba. El mundo giraba y se movía rítmicamente, contando las horas para la caída del sol. En la ciudad de la furia, sin embargo, el combustible era negro y sin diluyentes de ningún tipo.
En aquel bar nocturno, escuchando un jazz trío que nunca descubriría el éxito, la vi. Blanca como la nieve, antagonista pura de todo lo que la rodeaba, fumaba Gitanes con boquilla sobre la barra. No estaba allí por la banda, de eso no cabía duda. Nunca comprendí qué hacía realmente en ese lugar, el caso es que estaba y su presencia confundía. En aquel ambiente de aire pesado, se movía ligera como una pluma envuelta en un pañuelo rojo de seda. Brillaban sus ojos, brillaban los diamantes de sus pendientes, bamboleantes, mientras se deslizaba suavemente hacia mi lado.
No podía dejar de mirarla, atraído como las moscas a la luz. En silencio, le ofrecí fuego y mientras encendía su cigarillo no nos miramos en lo absoluto.
-Marlenne -dijo, rompiendo el silencio del Jazz trío.
Tomé un trago más.
Marlenne.
Mi pasaje al sol nocturno, la luz al final del túnel.
«Marlenne», resonaba el nombre en mi cabeza.
-No encontrará aquí lo que busca -le advertí.
-Sabe usted lo que busco, ¿entonces? -la luz tenue de la barra dejó ver una sonrisa pequeña-. Podría tal vez darme una pista, que yo todavía no lo descubro.
Respiré su humo en silencio y observé a mi alrededor. En la mesa más cercana se encontraba un hombre mayor, canoso, que no podría nunca más volver a su casa. Apoyada contra una pared, una mujer desarreglada y con marcas de recuerdos duros que de no conseguir cliente en las pocas horas restantes, no daría de comer a su hijo. El talentoso negro del contrabajo dormirá bajo el escenario y comerá las sobras sucias de la noche: con lo que se ahorra tal vez, solo tal vez, le alcance para inyectarse una vez más.
-No encontrará lo que busca aquí -le repetí-, porque aquí todo está perdido.
-Te encontré a ti, ¿no es verdad?
-O te perdiste conmigo, que no es lo mismo.
Se alejó de la barra y caminó hacia la puerta. La seguí. Al salir, el frío pareció querer despegarme de aquella realidad pero ella, con tan solo una fina capa de seda cubriendo su cuerpo, no pareció sentirlo.
Se apaga su cigarrillo. La tomo por la cintura, siento el calor contradictorio de aquel cuerpo de cristal. Nos miramos fijo, exhalando vapor tibio, por un segundo.
Me besa. Siento sus labios en mis labios, el calor de su boca en mi boca y una inconsciencia que va y viene. Marlenne me besa y es algo nuevo. He conocido el beso de muchas mujeres en mi vida. Amores que no me han sabido devolver, amores que no he sabido devolver, mujeres que en el tiempo han quedado y en la soledad, la prostituta que consuela. Ella besa como todas a la vez y como ninguna. Apoya su mano tibia en mi pecho. Tal vez piensa que me desmoronaré y solo quiere atajarme. El pensamiento también cruzó mi mente.
Estaremos juntos, Marlenne. En la oscuridad de la noche, en el frío que te ignora y en la soledad de nuestra compañía, estarás conmigo. No es amor: el amor es para los días soleados y las noches con lunas. Tenemos, en cambio, faroles rotos que ya no emiten luz y algún cartel de neón titilante que invita a los invisibles transeúntes. Pero eso no importa, el vapor de tu respiración y tus ojos los explican todo y yo lo comprendo perfectamente. No hacemos ruido. En silencio, si no fuese por tu brillo incandescente ya habríamos desaparecido.
«Marlenne»
En las penumbras desaparece un ensordecedor ruido que nadie más escucha. Silencio. Gotas tibias caen lentamente a nuestros pies. Sigues mirándome a los ojos, como si nada hubiese pasado, como si tampoco nosotros lo hubiésemos escuchado. Pero yo lo escuché, Marlenne, y tú también. En el adoquín brilloso se estrella un objeto metálico pesado que no disparará más. No dejamos de mirarnos y en nuestros ojos no hay disculpas ni agradecimientos. Nuestras miradas se vaciaron, la sangre goteaba incesantemente por nuestras piernas.
Fin o Fin.
The Fragrance of dark coffee
June 15th, 2010…that is coffee.”
A bit of the old ultra-violence
June 2nd, 2010Como habrán notado si prestan atención a los horarios de los últimos tres o cuatro posts o si en efecto leyeron alguna de ellos, no estoy durmiendo bien.
Tengo sueño, mucho.
Sepan disculpar.
Comer y pasarla bien
June 2nd, 2010Más de uno conoce de cerca lo atraído que me siento hacia esta famosa chef argentina cada vez más popular: Narda Lepes. Dejando de lado el desafortunado nombre, siempre disfruté sus programas culinarios los cuales no se reducían a enseñar una receta sino que cubrían un amplio espectro de temas, desde filosofía hasta música, de una manera ligera y entretenida. Me encantaba.
Ayer compré su libro y debo decir que para todas aquellos novatos como yo en lo que a cocina se refiere, debería ser una biblia. Es un libro sobre la filosofía del comer, sobre como comprar, sobre que comprar y cuando, con detalles tanto para inexpertos como para experimentados sin discriminar en lo absoluto. Deja de lado las grandes palabras para contarnos, como si de un amigo a otro se tratase, cual es el quid de la cuestión. Sí, hay recetas y muy buenas. Algunas muy elaboradas, otras bien simples y si bien planeo aprovecharlas, lo que destaca este libro de los millones de recetarios que andan dando vueltas por ahí es que te enseña a cocinar de verdad. Cocinar de verdad no es seguir recetas: se trata de saber que cocinar y como, que queda bien y que queda mal y poder experimentar y producir algo propio. Obtenemos, así, de una manera completamente relajada, las puntas necesarias para poder disfrutar la cocina y hacerla propia. Un mezcladito de todo lo mejor de ella, en resumen, que se consigue en versiones tapa dura y tapa blanda para aquellos que quieran gastar un poco menos.