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Trapitos Viejos III: Introducción que no fue
Sentarse a compartir una mesa sin ser invitado no es demasiado educado, pero ahora quédese ahí y deje que le sirva una taza de té. No se preocupe por la hora, desde que el Tiempo dejo de hablarme, aquí no pasamos de las seis de la tarde. Antes de que la liebre empiece con sus acertijos, déjeme introducirme. Soy un simple sombrerero. No puedo decir que soy el mejor así como tampoco puedo decir que soy el peor. Lo que sí puedo afirmarles es que soy el único por estos lados y que mi cordura es tan grande como mi pie derecho. Sírvase otra taza. De provenir usted de lugares en donde el Tiempo circula de forma fluida, habrá dejado de escucharme al oírme mencionar que el Tiempo ya no me habla. No lo juzgo yo por ello. Si usted conociera al Tiempo como lo conozco yo, le aseguro que no lo llamaría tiempo, sino Tiempo. Fue aquel día de Marzo cuando la reina grito exasperada que yo, pacifico y simpático a más no poder, estaba matando al Tiempo con mis cantos. Desde aquel entonces, no he escuchado palabra alguna de mi amigo y he sido condenado a la prisión de las seis de la tarde, en donde no podemos ni lavar las tazas para la próxima reunión. Pero basta de introducciones y anécdotas tristes. Podría pedirle que me cuente algo usted, pero se que no tendrá nada para contar o a lo sumo, nada interesante. Debo confesar que le he robado mi historia al muscardino a mi lado ya que yo de creativo no tengo demasiado. No me prejuzgue, que el que roba a un ladrón tiene cien años de perdón (aunque en mi locura no puedo comprender como puede una persona tener más años de perdón que los que le quedan de vida) y más aun si la primera victima fui yo. No hay que ser una persona particularmente avispada para darse cuenta de que me gustan las exactitudes. Sueño con realidades distintas a la que me rodea y el muscardino sueña conmigo, y su historia no fue más que su soñada visión de algún sueño mío. Pero ya son las seis de la tarde otra vez y tengo que preparar el té. Lamento no haber podido contarle mi historia, mas seguro se topa con ella algún día mientras duerma. No puedo decir que fue un gusto, pero puedo decir que fue. Siga dando la vuelta al día.
Sentarse a compartir una mesa sin ser invitado no es demasiado educado, pero ahora quédese ahí y deje que le sirva una taza de té…
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