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Calor
En un solo movimiento, apagó el televisor y cayó sobre la cama caliente. El verano en las sierras, para todos aquellos que no tienen aire acondicionado, es algo lento, tortuoso e inevitable. Torció levemente el cuello y por la ventana vio los pastos secos y los yuyos amarillentos. No había nada; nada más que lo protegiese de aquello que parecía querer comerlo y masticarlo lentamente. Un par de años atrás habría bastado con meterse en la casa y bajar al sótano, siempre fresco, pero el aumento progresivo de la temperatura, sumado a la sequía antes inexistente y ahora estacional, habían hecho del sótano un gran horno de barro, tan inhabitable como el resto de los cuartos de la casa.
La sequía. Preocupación de su padre, madre, hermanos mayores y todo adulto más o menos consciente a su alrededor. El capricho de las nubes, aquel que no estaba muy lejos de matar de hambre a una población entera, no escuchaba rezos ni razonamientos. Hacía ya meses que no caía una gota de agua y la aridez comenzaba a notarse en los cultivos y en los ríos que apenas fluían. Pero a el, eso no podía importarle menos. El solo quería un vaso de agua para refrescarse, una manguera para remojarse y malgastar, con alegría y paz. No había agua, en ningún lado y eso lo amargaba, lo perdía. Afiebrado ya, la temperatura parecía estar subiendo cada vez más y por un momento pensó en levantarse al baño, pero lo intentó y no pudo.
Cuando abrió los ojos nuevamente, su cuarto era el mismo pero distinto. Los colores, los bordes, se veían tranquilos y en ese momento pensó que, tal vez, habría podido controlar sus miedos y angustias, que ya no necesitaba el agua, que ya no necesitaba nada, porque el estaba a cargo del Sol, a cargo de las nubes, de las paredes secas y el colchón que lo sostenía.
El ruido de una gota de transpiración en el suelo rompió con sus sueños napoleónicos, y en busca de fresca concentración perdió la mirada en la gota que, poco a poco, crecía. Duró poco, porque enseguida notó, irónicamente, las marcas de humedad en el techo que habían surgido en invierno. Para cuando miro otra vez, la gota ya no era una gota, era un pequeño charco en el que podía ver reflejada su cara. Se sintió burlado: allí estaba su cara, reflejada en el charco, y el hubiese querido zambullirse, pero no podía. Segundos atrás había tenido el control, pero ahora se sentía controlado.
No se sobresalto cuando una de las patas de la cama se hundió en el charco y comenzó a flotar levemente. Había cedido. El calor de las sierras en verano había ganado y ahora mismo, no había nada más: todo era calor, algunos grados más, algunos grados menos, todo había sido devorado. No lo sentía como una batalla perdida: en ese momento, lo veía como una transición necesaria, para la paz. Sonreía.
En algún momento, con el ruido de las primeras olas, la cama comenzó a flotar entera y eso lo exaltó por unos segundos. Dejó caer el brazo y sintió una frescura húmeda en los dedos. Caos, caos en un cuarto de dos metros cuadrados, en el medio de la sierra, en el medio de la nada. El caos de lo inesperado, de aquello que ocurre cuando las decisiones difíciles están tomadas ya. Y ahora sí, se levantó con furia y se paró sobre la cama flotante, indeciso. La elección era sencilla, las dos variables estaban ahí y las conocía claramente. Pero tardó demasiado en pensar y para cuando se acercó a la ventana, no pudo abrirla: ya cubierta de agua, con sus cerrojos oxidados como si hubiese estado sumergida un siglo.
Todo se sentía más fácil. Cayó nuevamente en la cama y cuando el agua lo cubrió se sintió fresco, suave. Dio vueltas, se dejó estar. Toda esa experiencia submarina, en comparación con los breves segundos, habría durado una eternidad, porque después de dos o tres minutos, se volvió a sentir presionado. Esta vez no había decisiones para hacer: no había lucha posible. Luego de dos o tres minutos, había necesitado aire. Aire, para alguien que no deseaba morir ahogado en una gota de agua.
[Todavía debo retocarlo un poco, cosa que no se si haré porque no me gusta. No es definitivo, pero es algo. Oh, y todavía no se como poner sangrías decentes con esta cosa.]