| « Desde territorio enemigo: Mi opinión sobre "El Orfanato" | Y cuando uno cree que lo había escuchado todo... » |
La redefinición del mito de las cavernas
Cuando uno piensa en Ciencia Ficción, particularmente aquella del séptimo arte, lo más probable es que el cerebro invoque en una primera instancia imágenes de robots, vehículos espaciales y maquinas del tiempo, todas estas cosas muy aparatosas y brillantes, con algún que otro efecto surreal y un poder inimaginado. Es lógico, considerando que esa es la ciencia ficción que nos rodea últimamente. Pero es una ciencia ficción diluida (por contradictorio que esto suene considerando el abanico inmenso de efectos e ideas aspaventosas): busca más ser fantástica que científica y el género al que se aferra pasa a ser un medio y no el fin. Mi amor por ambos géneros me impide quejarme por esta simbiosis, pero aún así hay veces que una bocanada de aire purista se disfruta.
Con esta idea en la cabeza, me encontré con The Man from Earth por primera vez. Todo lo que sabía de esta película es que era una obra que se aferraba al género que nos compete y nada más. Me preparé a mi mismo con algo de paciencia para tolerar tal vez errores científicos básicos que a veces estas películas cometen y limpié mis anteojos para poder apreciar mejor los efectos brillantes que pensaba que me esperaban. Tal vez es por eso que la primera impresión fue tan impactante. Me encontré ante una película que transcurría en una habitación pequeña, casi sin muebles, con un grupo pequeño de personas que lo único que hacían era charlar.
Y no se equivoquen, todo esto era, más que nunca, ciencia ficción de verdad.
John Oldman, profesor de historia de la universidad, decide repentinamente viajar y mudarse a un lugar incógnito. Sus amigos y colegas no pueden más que preocuparse por la situación y asisten a una pequeña despedida en su casa, en la que intentan averiguar que es lo que lo hace huir y si de alguna forma pueden ayudarlo. John, reticente, prefiere hablar con evasivas, pero ante la insistencia de sus amigos, ve en ellos una oportunidad única. Todo comienza como un juego, en el cual los distintos colegas en la habitación (un biólogo, un antropólogo, un arqueólogo, un psiquiatra y una teóloga católica, entre otros) aportan cada uno un pedazo pequeño para formar a un hombre, un hombre que borró las líneas del tiempo que conocemos. ¿Cómo sería un hombre de Cromagnon que, nacido en la época de las cavernas, sobrevive catorce mil años hasta hoy?¿Cómo sería John Oldman?
De esta forma se introduce a si misma “The Man From Earth”. El resto de la película consiste en lo que este hombre cuenta y como eso afecta a sus cólegas. Nos encontramos de esta manera ante una nueva forma de ver el mito de la caverna: en la versión platónica, son los hombres sin conocimiento aquellos que se ríen de aquel que pudo ver más allá de las sombras del fuego. Aquí, en cambio, nos encontramos con gente culta, informada, presa esta vez por cadenas más fuertes que el acero: las mismas sombras en la pared los atrapan. Son los conocimientos fácticos, la ciencia a la que suscriben, sus creencias filosóficas y religiosas, las ataduras que generan todo tipo de reacciones adversas hacia este hombre que no se sabe si dice la verdad, pero suena terriblemente convincente. Hay, además, otro tema dando vueltas que es el medio a la credulidad, a quedar en ridículo por no desconfiar. Aún cuando los personajes se ven deseosos de creerle, se fuerzan a si mismos a no hacerlo, tan solo sea porque es esta una posición más respetada, con más prestigio.
La narrativa es muy buena: no utiliza vueltas muy rebuscadas y por ser simple no deja huecos que tapar. Como punto bajo, algunos podrían criticarle que recurre a clichés un tanto típicos y hasta algo kitsch. Personalmente creo que son clichés necesarios, no para decorar la historia, sino para que se comprenda la magnitud de lo que se plantea: el peso histórico que poseería un hombre de 14 mil años. Lo mismo se aplica a los diálogos. Está claro que no intentaron reinventar la rueda y que tampoco intentaron reinventar el género de la ciencia ficción, sino más bien redescubrirlo. La premisa clave es que no se necesita un presupuesto millonario o discursos kilométricos que te arrastren a las lágrimas. No se necesitan elegidos o que el mundo esté en peligro inminente. Lo único que hace falta es una historia que contar, que despierte la curiosidad de alguna cabeza inquisidora. Por esto es que se le perdona algún diálogo típico que ya todos conocemos. No es eso en lo que nos mantiene concentrados la película.
Y por último, quedan las actuaciones. Los actores son en general desconocidos, tal vez vistos en alguna serie o papel secundario, pero lejos de ser las estrellas reconocidas del cine de Hollywood. En general, aprueban, pero está claro que en todo momento lo que se busca es la exageración. Si se presta atención a las reacciones y comentarios, todos tienen algo que los hacen sentir fuera de lugar. Es muy sutil, pero está ahí. La segunda vez que vi la película me di cuenta: están exageradas, de manera tal que no rompe con el hilo de la película pero que nos deja ver que hay algo ahí que no es natural. La única actuación que no sufre de esto es la del actor que hace el papel de John Oldman. Esto, le da un aire de tranquilidad y pureza que resalta y que muy contradictoriamente hace la situación bastante más inmersiva. Realmente parece que este hombre vivió junto a Van Gogh y conoció las mesetas y llanuras europeas cuando la civilización estaba en pañales.
En resumen, los fanáticos de la ciencia ficción deberán preguntarse antes que ciencia ficción les gusta. Si buscan lo más típico y decorado, lo que todos conocemos y llena los cines, tal vez deban dejar pasar esta película: no encontrarán más que la historia más tediosa de sus vidas. Si, en cambio, lo suyo es más bien la curiosidad histórica y el misterio científico, debo recomendarle que no se apresuren y que piensen bien cuando la verán, ya que es probable que pierdan las próximas horas o días dando vueltas alrededor de las ideas planteadas. Esto puede no significar mucho para John Oldman, pero en nuestras cortas vidas mortales, un par de días, o un rato, como el que pasan los personajes en su casa, puede terminar siéndolo todo.
Y todavía no se como poner sangrías. ¿No es Horroroso?]
Trackback address for this post
http://blog.creative-state.net/htsrv/trackback.php?tb_id=61