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Hardboiled
Tenemos el detective que sabe. Uno pensaría que un detective que sabe no estaría nunca corto de trabajo, pero resulta ser que no hay mucha demanda de gente honesta en el rubro. Alguien que no teme ensuciarse las manos, pero que no lo haría sin una buena, muy buena razón.
Tenemos, también, a las mujeres hermosas. Tan hermosas como criminales. De piel blanca y pelo sumamente arreglado. Conquistadoras.
Y por último, el policía corrupto y el policía honesto. Éste último surge de la necesidad de una figura de autoridad. No tendríamos heroe vivo de no ser por el policía honesto, tendríamos un heroe encerrado. El policía corrupto, en cambio, es una delicia que hace al género lo que es. Le da el color que le hace falta.
Todos tenemos esto y muchos pensamos que con esto y un argumento nocturno, con un buen manejo de las típicas interacciones entre los personajes y con algún que otro elemento característico tirado por ahí, tenemos una historia noir. Pero no. Ahí el problema.
Antes hablé de lo que haría Raymond Chandler a mi creatividad en este género y en parte se cumplió. Lo que pasa es que solía pensar que podría escribir una historia bien noir y salirme con la mía y luego de leer a este tipo me di cuenta de que en realidad, estaba muy, pero muy equivocado.
Yo tengo todo lo anterior y no puedo escribir algo decente simplemente porque a todo eso le falta el elemento clave, que intentaré describir, pero no puedo nombrar.
Leí ya cuatro o cinco novelas del autor y en todas me pasó exactamente lo mismo. Uno va aprendiendo cosas, hechos, asiste en el proceso detectivesco y presiente que nuestro personaje ya lo entendió todo, pero para nosotros, lo único que hay es un manojo de personajes, eventos, situaciones que dicen muchas cosas por si mismo pero no suman al todo. No resuelven el caso. A medida que nos vamos acercando, esta sensación se pone incluso mas fuerte, se hace más pesada, al punto en que nos cuesta ya tener todos los cabos en la mano. Demasiadas cosas presentes, demasiadas hilachas y no hay forma de encontrar un nudo (en el sentido no literario de la palabra) que las ate a todas. Pero sin embargo, en un momento, sin darnos cuenta, nos encontramos en la última escena. Y ahí es donde explota todo, probablemente con un monólogo del detective de turno, o tal vez con una visita inesperada del verdadero criminal de esta historia.
Y ya está. No hace falta nada más. No más que un par de renglones para, luego de llegar al meollo de la cuestión, terminar la novela con un sabor agridulce en la boca, sin tiempo para finales felices. Por que, si bien el detective atrapa al criminal y este termina en manos de la justicia (la honesta), sabemos que de feliz este final no tiene nada. No hay amor eterno, no hay grandes felicitaciones ni grandes éxitos, no más que una paga (a veces) para seguir viviendo y la tranquilidad de que, si hizo las cosas bien, su nombre queda limpio. Pero no hace falta escribir sobre eso, porque nadie quiere leer sobre recibos de sueldo y al detective poco le importan las felicitaciones de la policía.
Todo esto hace a una historia noir, hardboiled o como quieran llamarlo. Por eso Raymond Chandler es Raymond Chandler y yo soy… bueno, yo.