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Ideas en conflicto
Esta noche se me ocurren dos cosas que entran en conflicto en mi cabeza. Por un lado, esta idea de que lo mejor es estar solo. Es más fácil dormir, existe cierta libertad que a veces importa no por el uso que le vayamos a dar sino por solo el hecho de que esté ahí, por las dudas. No hay que rendir cuentas y es uno capaz de dejarse llevar por las tentaciones libre de toda culpa que pueda asignarle algún mortal (porque si después hay alguno que arregle sus culpas con dios, ya no es mi cuento y que a mi no me meta).
Por otro lado, esta esa necesidad de intimidad permanente. Poder andar en pelotas con alguien más, tirarse un pedo o manosear cuanto se crea necesario. Hablo de esa intimidad que se tiene con alguien que, no necesariamente pareja de uno, comparte más que una sola noche y las cinco palabras reglamentarias: por favor, gracias y buenas noches. Hablo de esa intimidad que se adquiere con la confianza que otorgan diversas cosas que van desde una larga charla hasta varios polvos y que le permite a uno ser esa persona cómoda, de a ratos, que esta un poquito menos estructurada.
Ahora que se me vino encima un cambio de posición, no puedo dejar de pensar en la idea del punto medio ideal. ¿Existe?
Realmente creo que no, así como también creo que ambos extremos pueden ser igual de cómodos si uno se maneja como corresponde y es fiel a las convicciones de quedarse allí. De nada sirve estar parado solo si estamos enamorados y a su vez de nada sirve la monogamia si queremos garcharnos a todo lo que camina.
Estoy todavía en el periodo de confusión en el que no tengo bien claro que quiero. Pensé que lo sabía, pero me mareé.