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Quien me quita lo bailado
Muchos de los que me conocen ya saben algunas de las posturas que tomo para con los temas clásicos de discusión cuando el tema en cuestión es el futuro, el porvenir y lo que quiere uno hacer de su vida. Repetí miles de veces a miles de personas que no deseaba tener hijos, que no deseaba casarme. La respuesta general fue, es y será siempre “eso es porque sos joven, ya vas a ver como cambias", entonces uno se desgasta intentando explicar como la relación con sus padres generó una reacción adversa a la creencia de ese romanticismo idílico, como no tiene las cosas necesarias para ser padre y tiene bastante de las innecesarias, pero todo es en vano. La idea es desestimada rápidamente y se pasa a lo que sigue, total, es joven.
Otro de los temas en los que siempre me encuentro en discordia tiene que ver con que, a diferencia de muchos, yo no quiero vivir para siempre. No quiero vivir 100 años y hasta me parecería mucho vivir 50. Esa época en donde las cosas lo desgastan por mucho que haga uno para evitarlo. Llegar al punto en donde todo está repetido y si no está repetido, está roto y si no está roto a uno no le interesa porque no es para gente mayor. Veo a mis abuelas, una ya completamente senil que apenas reconoce y la otra que, si bien reconoce, está cada día un poco más dormida y encerrada en su burbuja del pasado. Es cierto, también está mi abuelo, lúcido como si tuviese 30, pero con unos dolores en las piernas que lo hacen renguear. ¿Hay que llegar a ese grado? prolongar todo hasta el punto en donde lo que queda son dolores y consciencia y después ya ni siquiera eso. No es para mí.
Dicho esto, me gustaría aclarar, entonces, que quiero hacer yo de mi vida. Que aspiro lograr, como me gustaría vivirla y terminarla, para ver si, en una de esas, puedo desterrar esa creencia de que mi vida juvenil adolescente está ahora completamente desinteresada en lo que me rodea y en una nube de pelotudeo total o, por el contrario, confirmar que soy un desastre de adolescente flotando en una burbuja de pedo.
Realmente no me interesa mucho tener una familia y esas responsabilidades que parecen que son inevitables. Están bien si uno planea vivir muchos años, pero no me parece que, siendo tener hijos algo que no disfrutaría, esté preparado para ese tipo de cosas. Hoy por hoy me encuentro en una posición por demás afortunada: la muerte de mi madre me otorgó un estado de libertad prematura y más allá de eso, por ahora estoy relativamente lejos de tener problemas económicos. Eso es hoy. Mañana será igual, y pasado seguramente también. Más adelante, ya no puedo asegurarlo. Por eso tengo que aprovechar ahora que tengo la edad, el cuerpo, la libertad y la posibilidad. Hacer lo que me gusta y disfruto. Aprovechar mi cuerpo a mi manera.
Eso no significa que me voy a tirar en la cama a inyectarme heroína mientras una negra me espolvorea cocaína así me siento como en navidad. Significa que voy a darme gustos que me quiero dar, conocer cosas que me debo y probar muchas de esas cosas que uno tal vez no debería si planea vivir 100 años.
Hoy por hoy, estoy viajando mucho. Me gusta viajar, me encanta, me fascina. Quiero conocer cuanto pueda del mundo. Está en mis planes hacer al menos un viaje grande al año, de ser posible. Este año me fui a Japón. El año que viene, no se todavía. Tal vez Europa, tal vez Tailandia, tal vez Indonesia, tal vez Perú. Opciones no faltan, pero algo haré. Quiero, dentro de un par de años, poder mirar atrás y decir que el lugar donde vivo es el lugar en donde realmente quiero vivir, porque de todos los sitios que recorrí, ese fue aquel que encontré más placentero.
Me gustaría, también, tener experiencias nuevas. Nunca me interesó el porro ni la cocaína, por ejemplo, por razones distintas. Los efectos del porro no me llaman la atención, al igual que los de la cocaína, con el agravante de que esta última además haría bastante más complicados mis otras aspiraciones. Hasta hace poco fui un consumidor habitual de alcohol. Interrumpí esto principalmente por las mismas razones mencionadas anteriormente: me aburrí. Ya me puse tantas veces en pedo que perdió la gracia y pasó a ser una rutina casi inescapable: salir, tomar alcohol, volver. Si bien no la paso mal, se volvió por demás monótona y creo que podría aprovechar ese tiempo mejor o de otra manera. Esa ya la conozco. Lo que estaría bueno sería probar algo distinto. Siempre me llamó la atención el concepto de alucinar, de ver más allá de lo que se logra con los ojos. Como si lo que vive en el mundo detrás de las retinas cruzase el espejo y por un rato al menos pudiésemos verlo como si fuese ajeno a nosotros. Eso es algo que no me quiero perder. Sí, puede salir mal, pero visto así entonces no nos queda otra que refugiarnos debajo de la cama. Yo me cansé de refugiarme debajo de la cama: quiero comerme un hongo, chupar una estampilla con LSD o darle al peyote, san pedro o lo que sea que se me cruce en el camino en el momento adecuado. No es algo para todos los días, pero si para al menos uno.
Está también la música y las artes en general. Yo acepté, amargamente, que tanto la composición musical como la escritura no es lo mío pero descubrí, también, que lo que no tengo en creatividad lo tengo en oído. Me considero tanto un buen oyente como un buen lector. No soy de esos imbéciles que sobrecargan un texto con cosas innecesarias que muy probablemente ni traía desde un principio. Me gusta, de vez en cuando, ser un lector activo y por sobre todo disfruto más el trayecto que las conclusiones. Soy de esos que a veces no pueden resistir ver las últimas oraciones del libro cuando ni van por la mitad, pensando “¿Cómo carajo llegamos hasta acá, desde allá?". Como oyente soy muy parecido. Me gusta que suene mejor, cada vez mejor. Descubrir el detalle nuevo y el despegue de los sonidos. Eso sale caro, pero es algo que pienso perseguir hasta que no me den más las orejas.
Entonces pasaré el resto de mi vida viajando, escuchando música y drogándome. ¿Trabajaré? Sí, porque si no todo esto se hace insostenible. No viviré trabajando, eso seguro: aprovecharé lo que recibí mientras intento que se sostenga. No creo que sea muy difícil, pero por otro lado, comprenderán el por que de mi apuro: hay que adelantarse a lo inesperado. Que si por alguna de esas razones todas mis posibilidades desaparecen, si me quedo ciego o manco o paralítico, pueda exclamar con alegría “Quién me quita lo bailado". No solo quiero viajar, escuchar música y drogarme. Quiero disfrutar y si se me da por fumarme un habano, tener una pareja, chupar un pito o bailar en la calle, poder hacerlo y saber que no me estoy perdiendo de nada. Quiero aprovechar las oportunidades que me interesan.
Cuando los primeros signos de desgaste aparezcan espero que sean por lo mucho que hice y no porque el cronómetro empezó a contar para atrás. Cuando eso pase sufriré, porque me daré cuenta que más allá de todo lo que haya hecho, me quedaron muchas cosas en el tintero y otro tanto de esas que hice no debería haberlas hecho. Pero con suerte el promedio global será positivo y, sea como sea (me inculcaron desde siempre un significado tan, pero tan fuerte para la palabra suicidio y a su vez, otro tan estúpido, que no me gusta usarla ni considerar que lo mío sería así), las cosas terminaran.
Si alguno quiere decir luego que desaproveché mi vida, que lo diga. Si quiere decir que desaproveché mis capacidades, le aclaro que no las conoce y que, según mi criterio, les saqué todo el juego. Pero la mayoría seguirá viviendo sus vidas, con suerte felices.
Varios que me tengan aprecio dirán que fui una persona feliz por sobre todo.
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