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Entrelazando historias
Hoy se me ocurrieron una serie de cosas que podrían llegar a ser interesantes, pero prefiero cumplir primero con aquello prometido y hablar un poco sobre Braid.
A simple vista Braid es un juego que pasa desapercibido. Descrito así nomás, parece un juego de plataformas más del montón, con alguna curiosidad en la mecánica de juego que tampoco parece super innovadora. Esa fue mi primera impresión, cuando tuve la oportunidad de comprarlo hace un par de meses. La descripción que había leído sobre el no me había tentado a ni siquiera mirar las capturas de pantalla y fue así como pasó un tiempo considerable antes de que me interese por el de alguna manera.
Poco a poco, me fueron llegando los comentarios y los halagos y sentí curiosidad: ¿Qué era aquello que me estaba perdiendo en un juego de plataformas que parecía de lo más estándar y genérico? Hice un esfuerzo y terminé comprándolo. Realmente esperaba un fiasco más sobre exagerado por la prensa y el público.
Está claro que de haber estado en lo correcto no estaría escribiendo esto. Hay que dejar en claro algo: Braid no es un juego para el público general, interesado en divertirse un rato todos los días y nada más. Es un juego corto, con una mecánica innovadora que está fuertemente atada a la historia y una estética placentera que complementa la casi caótica sinestesia que es este juego.
Primero lo primero. Manejamos a Tim, nuestro personaje, en una serie de mundos llenos de desafíos de ingenio que resolver. Hasta ahí, nada fuera de lo ordinario. Cada uno de estos mundos tiene una mecánica particular, pero el hilo en común que une a todos ellos es la posibilidad de retroceder en el tiempo ya sea para corregir errores o arreglar el futuro. Ésto que parece un simple detalle en pos de los desafíos se convierte en un elemento principal en la historia, aquel que hace que todo tome sentido. No hay dos desafíos iguales, no hay dos mundos iguales y si bien no son imposibles, tiene algo que muchas veces no se cumple en la gran mayoría de los juegos: las soluciones no son disparatadas, son interesantes y tienen que ver con lo que nos rodea. Es posible que nos encontremos estancados más de una vez y sin embargo, en vez de correr a buscar la solución, decidamos seguir intentándolo, seguir mirando esa pantalla en busca de lo que no vimos, en el futuro, en el presente o en el pasado. Si Braid fuese solo eso, Braid sería un juego genial. Pero resulta ser que es más.
¿Quién es Tim? Tim es un científico y Tim es un príncipe azul. Este juego trata sobre una bomba (no cualquier bomba) y trata sobre una princesa en apuros. Historias entrelazadas cuya unión está reforzada tanto por la mecánica anteriormente descrita como por la estética general del juego. Para aquellos distraídos, este juego será una cosa un tanto pobre y genérica con algunas curiosidades que no llegarán a entender. Los atentos encontrarán un mar de detalles ocultos que le dan la profundidad que el juego realmente tiene. Es como una de esas imágenes estereográficas que eran tan populares hace un tiempo en los libros de “El Ojo Mágico” en donde había que cruzar la vista para ver lo que de verdad se ocultaba detrás. Tengo que hacer hincapié en esto: Braid es bueno por sus historias, pero es genial por la forma en que se entrelazan.
Entonces tenemos una historia interesante y una mecánica que proporciona todo lo que dicha historia necesita. Si eso no termina haciendo de Braid algo memorable, entonces lo único que puede faltarle es que la imagen y el sonido acompañen. Ningún detalle estético está de más por cuestiones azarosas en este juego. Es un complemento perfecto para todo lo mencionado anteriormente, dándose encima el lujo de hacernos recordar a aquellos clásicos de antaño. La música hace cerrar todo y le pone el moño. No hay nada que pueda decirles al respecto que pueda explicar por que es tan buena: hay que escucharla jugando y las cosas se entienden por si solas.
No hay mucho más que pueda agregar. Solo queda que lo consigan y lo disfruten. Es una experiencia corta pero que los deja, seguro, con una sonrisa en la boca y muchas preguntas.