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Lógica
Siempre tuve problemas discutiendo con la gente cuando el tema en cuestión realmente me importa. Soy de aquellos tantos que en la cama, con la sensación de impotencia todavía en el cuerpo, se da cuenta de todas las posibles buenas respuestas que podría haber utilizado y como se congeló a la hora de la verdad: ruego por una nueva oportunidad para repetir todo aquello que pensé con tiempo. Con los años he mejorado y sin embargo todavía me falta bastante por recorrer.
Siendo un tipo analítico (reservarse chistes imaginarios sobre conjugadas armónicas, por favor), parte de mi proceso de superación incluye estudiar las causas de mis complicaciones y de a poco voy entendiendo algunas de las razones por lo que esto me sucede. Hay una en particular que me costó digerir y me resultó sorprendente. No todo el mundo tiene un buen manejo de la lógica.
Así como suena: algo que parece tan natural para la gran mayoría es en realidad un misterio que no comprenden. Últimamente estuve prestando especial atención y hasta he logrado victorias tan solo dejando en evidencia lo falaces de los argumentos. Muchos arrancan con premisas incorrectas conectadas de manera incorrecta (una de las más comunes siendo aquella que es tan popular últimamente en internet: Correlation does not imply causation o cum hoc ergo propter hoc), reglas formales mal usadas y otras yerbas. Mi padre y mi hermana pecan muchísimo de esto y parecen no comprenderme cuando intento aclararlo. El primero ha cedido, alguna que otra vez, atónito por su error. Siempre consideré la lógica como una habilidad natural: como moverse o respirar y me estoy dando cuenta, de a poco, que no funciona así. Es más parecido a pintar: yo no tengo esa habilidad, pero me encuentro capaz de razonar.
Si bien no me veo retratando a nadie en el futuro cercano y/o lejano (al menos no decentemente) creo que el poder razonar decentemente es algo que se entrena.
Resulta sencillo imaginarse a Lewis Carroll (y no a Charles Dodgson, en cambio) sentado en una mesa, viendo a quien el convertiría en The Mad Hatter y en The March Hare, discutiendo sin usar en ningún momento la lógica. Siendo el un matemático, se me hace más fácil entender lo chocante que eso debe resultar. A veces siento que solo hace falta el té.
Cambiando un poco de tema:
Hoy pasé por la librería y adquirí algunos libros. Debo recomendarles algo: Hay una oferta genial en un libro que vale la pena tener, tapa dura, muy linda edición. El Ocho, de Katherine Neville a $39 (pesos) es un muy buen precio hoy por hoy que ya los libros tapa blanda treparon al doble. Yo lo leí hace un tiempo y tengo una copia con la tapa destrozada, viejísima, que conseguí, digo esto con culpa, bajo la ley universal que dicta que “los libros no se prestan y no se devuelven". Dado el estado del libro, me pareció que sería una buena excusa comprarlo otra vez, para releerlo y atesorarlo en mi colección.
Compré, también, otras dos cosas: por un lado, El Fuego de la autora ya mencionada, como para leer cuando termine de releer el primero, y por otro algo que me encontré al entrar a la libería y captó mi atención instantáneamente. El autor es un Físico Teórico, el libro se llama La soledad de los números primos y pueden imaginar por que me tenté. No es muy largo y ya les comentaré que me pareció.♠