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Tres ideas tres...
…que cruzaron mi cabeza esta mañana.
Cada vez que entro a donde solía vivir, me encuentro rodeado de cuadros y muebles cubiertos con papel de diario del momento. Pura casualidad, realmente, porque no es que los cubrimos después el trágico hecho que nos hizo abandonar la casa, sino que ya estaban cubiertos porque estabamos pintando en el momento. Eso hizo que la casa quede, en vez de prolijamente armada como solía estar tan solo días antes de la crisis, caótica, desarmada y cubierta por telas y papeles que le dan un aspecto sombrío de casa abandonada moderna: le da muchísimo más dramatismo al asunto. Parece una cosa de novela, como una premonición: se desarma la casa, se desarma el hogar; algo casi planeado y sin embargo no es más que una gran casualidad.
Me estoy yendo por las ramas. Cada vez que entro a mi casa y veo los cuadros empapelados no puedo evitar pararme frente a cualquiera de ellos y ponerme a leer las noticias y/o artículos de la época. Tiene un sabor distinto a aquel de tener el diario viejo enfrente. Será, supongo, porque muchas de ellas quedan inconclusas por los recortes, dobleces o pedazos de cinta de enmascarar que las unen. También creo que mucho tiene que ver el contexto: están colgadas en una casa que de un día para otro, quedó suspendida en el tiempo. Encajan de manera un tanto poética en el contexto.
Me di cuenta, entonces, que aquel día pasó algo muy particular que pasó desapercibido pero justamente es especial porque es observable. Se produjo un desdoblamiento en la línea del tiempo habitual que se abrió en dos ramas. La primera muerta, la segunda continúa su rumbo. Muchos me podrán decir que esto no tiene nada de peculiar, que pasa con cualquier decisión o hecho, como puede ser el famoso batir de las alas de una mariposa. Pero… ¿Cuántas veces les ha sucedido que tienen evidencia tan clara, tan pura? Es mi pequeña Aurora Boreal.
En una nota de otro color, tengo que hablar de una preocupación que me da vueltas en la cabeza desde esta mañana. Cada vez me cuesta más escribir. Es una cosa de locos: tonterías que antes me salían con una fluidez increíble ahora salen sangrando. Primero, lo atribuí a la simple realidad: me estoy estupidizando. Pero después, pensando un poco más, lo atribuí a otro factor. Un desplazamiento de neuronas, si se quiere, desde un lado del cerebro al otro. Mientras que en lo literario, mi creatividad mengua, en lo ingenieril, se acrecenta rápidamente. Esto es muy notorio: se ve en mis prácticas de electrónica, en mi código y hasta en mi prolijidad al soldar. Del otro lado, queda… bueno, esto. Fui adquiriendo cierto finesse, que para cualquiera en el rubro parecería poético. Para todo el resto, no es más que otra demostración de status del Homo Ingenierus Caverniculus.
Por último, una nota de color homoerótica, narcisista y hasta un tanto… sexy. Me gusta como se me ve y siente el cuerpo en el espejo después de ir al gimnasio. Los músculos y abdominales levemente duros y apretados, los brazos hinchados y alguna vena un poco más marcada de lo habitual. Es una sensación estimulante.