Mientras preparo un té que dará por finalizada una jornada un tanto frustrante de estudio en casa de mi señor padre, reflexiono y llego a las siguientes conclusiones:
Estoy cada día más estúpido. Algo así como un Benjamin Button pero sin volverme más joven ni toda la facha. Simplemente más estúpido.
Hay gente que me gusta, me atrae. No la conozco, pero no por eso deja de hacerlo. Dada la caída de ego que estoy sufriendo últimamente, creo que mis chances de éxito con cualquier cosa que involucre dicha gente es nula. Es un problema.
Me cansé de la gente, otra vez. Cualquiera que me conozca sabe que esto es parte de un ciclo periódico. El problema no es el hecho en sí de haberme cansado sino que, al menos esta vez, no se como deshacerme de dicha gente.
De la misma manera, estoy teniendo problemas con la música que creo que puedo relacionar, de alguna manera, con el punto anterior. Generalmente, y se que esto no es algo solo mío, tengo en la cabeza un disco o una banda que resuena y que apenas tengo un momento libre deseo escuchar. No es siempre la misma, sino que va cambiando, introduciendo cosas nuevas y rotando las viejas. Por mucho tiempo fue Pink Floyd, o Nine Inch Nails, Muse, incluso Cuarteto de Nos, Sumo y hasta Zappa, por nombrar algunas. Hoy por hoy, ninguna banda, disco o lo que sea ocupa ese lugar preferencial en mi cabeza. Prendo mi reproductor de MP3 y si bien me gusta lo que suena, no lo disfruto del todo. Tengo esa sensación de que no es lo que quiero escuchar ahora mismo. Entonces, empiezo a cambiar sin rumbo de canción, dando vuelta por los menúes, sin camino. Recurrí a utilizar un servicio muy parecido a Pandora (Slacker) que me permite hacer lo mismo que éste pero de manera offline también, lo que resulta bastante interesante para viajar en colectivo, por ejemplo. El resultado es el mismo: skip, skip y más skip hasta el hartazgo.
Más allá de todo eso, el té que me estoy tomando está por demás rico.