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Pro-Tip
Todos en algún momento de nuestras vidas dejamos la casa de nuestros padres. Algunos lo hemos hecho de forma prematura, otros lo harán en algún momento futuro cuando la vida los lleve a eso. Cuando lo hagan, se darán cuenta que deben cocinar prácticamente todos los días y esto puede ser increíblemente tedioso.
Por eso, y como me encuentro particularmente dadivoso, voy a contarles mi mayor secreto culinario. No es un secreto de sabor, es un secreto de eficiencia que les permitirá ahorrar energía, agua y tiempo a la hora de hacer una de las comidas más populares del que vive solo: fideos.
Hacer fideos es una masa: son ricos, baratos y bien fáciles de hacer. Personalmente me encantan, pero hay algo que es cierto: lleva tiempo hacerlos. Lo bueno es que se hacen solos, así que podemos aprovechar ese tiempo en otra cosa, lo malo es que si tenemos hambre y nos queremos sacar el tema de encima, hay que esperar a que hierva el agua, tirar los fideos, esperar a que se hagan y etc. Se malgasta mucha agua y energía calentándola.
Hoy voy a presentarles una nueva manera de hacer fideos, muy simple y fácil, que requiere la misma cantidad de atención pero un cuarto del tiempo. Presten atención:
1.-Tomen una olla y tirenla por el balcón, porque hoy vamos a usar una sartén. Esta no tiene que ser muy grande ni muy chica, solo imaginense que los fideos una vez listos deben entrar en ella.
2.-Le ponen agua fría de la canilla, ni mucha ni poca. En principio, usen sentido común, deberían cubrir los fideos cuando los tiren. Con el tiempo se darán cuenta que en realidad hace falta incluso bastante menos que eso. Sal y aceite, como siempre.
3.-Así como está, tiran los fideos dentro. No se preocupen si no entran enteros debajo del agua porque son muy largos. una vez que empiecen a doblarse los acomodan, no es problema.
4.-Ponen la sartén a fuego medio o un poquito más.
Eso es todo. No hay que esperar a que hierva el agua, los fideos se cocinan considerablemente más rápido y si regulan bien la cantidad de agua y la llama de la hornalla, no hace falta colar. Cuando la agarren la mano, no les va a quedar agua prácticamente en la sartén, lo que les permite hacer la salsa y saltearla un poquito ahí nomás.
Graben esto en sus mentes y cuando el día que lo pongan en práctica sientan unas ganas increíbles de agradecerme, con gusto les aceptaré una cerveza.